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miércoles, 27 de febrero de 2013

Las demandas psicológicas para un psicoterapeuta constructivista



Desde el punto de vista de Michael Mahoney el constructivismo constituye el paradigma teórico desde el que las demandas psicológicas son más elevadas para un terapeuta. Se pide a sus partidarios que mantengan un altísimo grado de apertura al examen personal y eso requiere tolerar y recoger la ambigüedad, en lugar de eliminarla, y cuestionarse a fondo las preguntas y respuestas con las cuales se investiga.
Debido al rechazo del objetivismo tradicional y al supuesto que el conocimiento no garantiza una correspondencia entre las representaciones del que conoce y la verdadera naturaleza de lo conocido, el terapeuta debe aceptar que no sabe lo que es mejor para un cliente y tolerar un alto grado de ambigüedad. Siempre se encuentran frente a un espacio vacío entre sus propios procesos experienciales y los de sus clientes, lo que les mueve a esforzarse por conocer muy atentamente a la persona.
Presenciar la autodescripción y la autopresentación de las persona puede resultar extremadamente doloroso o difícil de seguir, además de provocar un intenso sufrimiento en la persona que produce ese relato.
El psicoterapeuta no sólo recoge las historias y las lágrimas de los clientes con todo su dolor en el momento del encuentro, sino que éstas le acompañan durante toda su carrera.
En contraposición a la distancia emocional prescrita por la teoría psicoanalítica ortodoxa, al parecer, el vínculo que se establece durante este proceso es más fuerte como más el terapeuta está emocionalmente presente, respondiendo a su vez con una actitud de compasión y hasta de afecto. Al tiempo que es una de las aportaciones más valiosas al proceso psicoterapéutico, esta disposición a la presencia resulta una tarea agotadora, por lo que el cuidado personal del psicoterapeuta resulta fundamental.
La capacidad de comprensión de las vivencias del cliente siempre resulta limitada por la amplitud de las experiencias del psicoterapeuta, de lo que se deriva que el acceso y la comprensión de los propios conflictos personales y de sus mecanismos de autorregulación proporcionan una base imprescindible para construir un proceso de ayuda al otro. Un terapeuta desbordado difícilmente puede brindar apoyo a nadie.
La tolerancia de la ambigüedad resulta fundamental debido a la dualidad del proceso de comprensión en psicoterapia: por un lado, se presta atención a manifestaciones explícitas de la situación y de los recursos del paciente, por el otro, existe una multitud de impresiones e inclinaciones menos especificables como intuiciones, “tonos emocionales” y sueños personales.
Otro reto que se plantea al psicoterapeuta constructivista es una idea de movimiento que se puede expresar a través de la metáfora del viaje. El viajero puede tener una meta final, pero entretenerse en muchas etapas accesorias, algunas de las cuales pueden resultar más largas que otras; además, recorridos diferentes pueden llevar al mismo lugar. Del mismo modo, la persona que consulta puede cambiar sus intereses varias veces durante la psicoterapia, y elegir nuevos objetivos, diferentes del inicial, pero, a menudo, más importantes. Eso requiere respeto por la aportación de las experiencias nuevas a medida que se cuestionan las experiencias antiguas, en suma, una integración entre la familiaridad y la novedad. Resulta entonces primordial respetar el tempo de la persona, su necesidad de parar para descansar y poderse turnar con la persona que consulta en ser líder y ser seguidor, llevando, a veces, la carga por ella, y velando por su seguridad. Cuando es el momento, asesor y cliente toman caminos separados. 
Por último, mencionar el papel inevitable de los valores del psicoterapeuta en la exploración de los valores del cliente, así como la influencia del contexto en el concepto de diferencia en relación con las normas de la comunidad.
En resumen,  los retos de un psicoterapeuta constructivista no son distintos a los que afronta el profesional de otras orientaciones, sin embargo, éstos son maximizados. Gran parte  de lo que se hace en psicoterapia es exploratorio, experimental y existencial.

Para profundizar: Mahoney, M. (1998). Las demandas psicológicas para un psicoterapeuta constructivo. En: Neimeyer, R.A. y Mahoney, M.J. (1998) Constructivismo en psicoterapia. Barcelona: Paidós.

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