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domingo, 8 de diciembre de 2013

¿Qué es la terapia cognitiva?

Resulta difícil dar una definición de la terapia cognitiva, pues existen varios modelos cognitivistas, por lo que preferimos hablar de terapias cognitivas, en plural. En general, este enfoque, surgido en los años 60-70, se caracteriza por su especial atención a la manera en que los seres humanos conocemos nuestro mundo o realidad.

Después del auge de la terapia de conducta en los años 50, basada en la idea que para fundamentar científicamente los tratamientos psicológicos había que basarse exclusivamente  en el comportamiento observable de las personas, quedó claro que había muchos aspectos de la psique humana que quedaban desatendidos, y que los tratamientos no ofrecían atención a fenómenos muy relevantes que formaban parte del desarrollo de trastornos y malestares. Esto hizo que se volviera a focalizar las intervenciones en aspectos internos, inicialmente en pensamientos y sus esquemas, es decir, los contenidos verbales, que se pensaba constituían los “ladrillos” de la cognición; más adelante, se le añadieron otros componentes igual de importantes, los no-verbales, es decir, las emociones, las sensaciones, las imágenes, los procesos fisiológicos y los aspectos relacionales.

La terapia cognitivo-constructivista concibe la cognición como un todo que engloba estos elementos de la experiencia del ser humano; un proceso terapéutico constructivista conlleva atender los problemas psicológicos prestando atención por igual a cómo piensa, siente, imagina la persona, y a como se relaciona, desde el prisma de sus dificultades, y guiarla en el proceso de encontrar maneras alternativas de enfocar los aspectos problemáticos de su vida. Se  trata de atribuir nuevos significados a las experiencias pasadas y presentes, de manera que se pueda percibir la realidad desde perspectivas diferentes, más adecuadas para responder a las necesidades actuales y en constante cambio de la persona.  Además de centrar la atención en la experiencia del presente, se puede ampliar el foco hacia de situaciones del pasado en que se han generado y consolidado determinadas maneras de percibirse a uno mismo y a los demás.

Según el constructivismo, el universo no es objetivamente cognoscible, sino que el individuo está implicado desde su nacimiento en un proceso proactivo de atribución de significado a todos los aspectos de la realidad que le envuelve. Esto significa que todo ser humano contribuye activamente a la construcción de la realidad al percibirla de manera personal y única, en base a su experiencia. En este sentido, existen múltiples realidades, y en las sesiones de corte cognitivo-constructivista se presta especial escucha a la manera de entender el mundo y los otros de cada persona. Sólo a partir de haber establecido este tipo de comprensión profunda, el terapeuta está capacitado para influir en el proceso de cambio del cliente, con el cual establece una relación de colaboración.


El malestar psíquico o síntoma es la expresión de los intentos que la persona hace para adaptarse a experiencias, situaciones y relaciones que se alejan de su manera de concebir la realidad y de verse a sí misma. Por ello, en la psicoterapia se pone en marcha un proceso de reconstrucción del sistema de significados del cliente, que aborda por igual todos los componentes de la actividad cognoscitiva del individuo. La manifestación y las experiencias emocionales intensas indican estados de transición en la identidad y acaban generando un cambio. 

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